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Pastor Dadaísta | Ignacio Simal

“La doctrina es ley que mata; el amor es espíritu que vivifica”: Juan A. Monroy

Juan Antonio Monroy

Es curioso como un gran artículo, a pesar de su brevedad, escrito para una iglesia local puede llegar a tu dirección email desde Madrid a Barcelona, vía allende los mares. Y si ese artículo responde a tus anhelos de una iglesia mejor, más conforme a Jesús de Nazaret, mejor que mejor.

El artículo en cuestión ha sido escrito por Juan Antonio Monroy, memoria viviente del protestantismo español. Sólo he tenido ocasion de hablar con él cara a cara en una ocasión, compartiendo mesa, comida y conversación. Hoy me alegra el alma leer lo que ha escrito en momentos tan convulsos como los que estamos viviendo en nuestro país y en nuestras iglesias. A continuación transcribo el artículo en cuestión. Espero que a Juan Antonio Monroy no le moleste. Lo hago porque concuerda, de alguna manera, con lo que escribi en mi anterior "entrada" a mi blog y porque puede ser sanador para una iglesia y unas instituciones que piensan más en clave doctrinal que en clave de "ágape".

ATRIO

Madrid, Año XXIX nº 1384. Domingo 25 de marzo 2007 (Iglesia de Cristo que se reúne en la calle Teruel de la ciudad de Madrid)

LA PREEMINENCIA DEL AMOR

La primera carta que Pablo escribió a los corintios nos da una idea bastante clara de lo que era una Iglesia en los primeros años del Cristianismo. Aunque se trata de una carta de circunstancias y no contiene las tesis doctrinales que se aprecian en Romanos y Gálatas, no por ello carece de doctrina.

El capítulo 12 es esencialmente doctrinal. Es el capítulo de los carismas, de los dones. "Palabra de sabiduría, "palabra de ciencia","dones de sanidades", "hacer milagros", "profecía", "discernimiento de espíritus", "diversos géneros de lengua", "interpretación de lenguas", es decir, las gracias ideales para satisfacer el ego humano, que en multitud de casos conduce a la soberbia espiritual.

Sin embargo, las nueve palabras últimas del capítulo dan un tajo mortal a la doctrina en beneficio del amor. Una mayoría de personas que afirman poseer esos dones no se caracteriza precisamente por el amor al prójimo, bien sea el prójimo creyente o ateo. A la vista está.

Concedemos una importancia descomunal a la doctrina y marginamos el amor. La doctrina es ley que mata; el amor es espíritu que vivifica. La doctrina es el sábado hecho ley; el amor es el hombre antepuesto al sábado. La doctrina es el fuego que pedimos al cielo o encendemos en la tierra para exterminar a los descarriados; el amor es la compasión ante el error. La doctrina es un camino; el amor es el camino más excelente.

Sí, hay algo más importante que sanar, hacer milagros, profetizar, discernir, hablar en lenguas o interpretarlas: vivir en amor, vivir para el amor, vivir amando. Los cristianos que triunfan ante los ojos de Dios son aquellos que predican y practican la doctrina del amor.

Dios no es doctrina. Dios es amor. Así lo afirma la Biblia. La doctrina divide; el amor une.

Saludos,

Juan Antonio Monroy

Gracias, Juan Antonio… acabas de poner cordura en medio de nuestras iglesias.

(Subrayado mío, por supuesto)

1 Comentario

  1. ballardo — April 5, 2007 #

    hola y que Dios le benbiga en mi region todas las congregasiones cristiana se preocupan mas por mantener una doctrina que por dar amor el progimo condenan al que no sigue su doctina mas no le corrijen con amor como lo hiso cristo con la prostituta ( que hay que hacer ) recuerde que sin santidad nadie vera a Dios y es la doctina la que nos da esa santidad pero por que la doctina ta el amor si Dios es amor esta luego

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