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Pastor Dadaísta | Ignacio Simal

¿DIALOGOS ENTRE CREYENTES Y NO CREYENTES?

Hace unos días, José Luis López Bulla, me escribía una carta abierta en su blog. Hoy la inserto en el mío. Tiene que ver con el diálogo de creyentes con no creyentes. Me gustaría que los que visitáis al "Pastor Dadaísta" dierais vuestra opinión. Gracias.

CARTA ABIERTA A IGNACIO SIMAL, Pastor Protestante

Querido Ignacio:

 

Aunque no nos conocemos personalmente tenemos la oportunidad de conversar por los espacios gracias a esos chirimbolos de Internet. Para mí es todo un placer. Los antiguos iniciaban sus cartas, más o menos, de esta manera: El motivo de la presente Pues bien, el motivo de la presente lo irás viendo. Te adelanto que he sacado algunas conclusiones de dos recientes lecturas y, más adelante, te haré una propuesta con la idea de seguir conversando en torno a “un sentido”.

He leído el último libro del doctor Hans Küng y los comentarios que os traéis entre manos tú y Manuel López sobre la derechización de la jerarquía evangelista española. Confieso mi admiración, desde hace mucho tiempo, hacia el teólogo católico y creo que en este libro también hace un serio esfuerzo para, nuevamente, buscar aproximaciones entre creyentes y no creyentes. De todas formas, como no podía ser de otra manera, mi admiración también está acompañada de sus correspondientes desencuentros. En todo caso, es francamente loable el espíritu abierto de este hombre de fe tanto con relación a otras confesiones religiosas como a nosotros, el mundo de los agnósticos y de los ateos. Y aquí te quiero ver, Ignacio.

Creo que hay dos cosas sobre las que convendría reflexionar: 1) la pérdida de las viejas discusiones de antaño entre creyentes y no creyentes cuando, a mediados de los años sesenta, gentes como Karl Rhaner, Lucio Lombardo Radice, Manolo Azcárate, Alfonso Comín, González Faus, Pietro Ingrao y otros dialogaban a cara descubierta. 2) Hasta donde yo recuerdo esas conversaciones las llevaban a cabo cristianos (en este caso eran católicos) y marxistas, sin que los protestantes se sintieran involucrados, al menos en España.

Ignacio, mis preguntas son: ¿por qué se acabó aquella discusión? ¿hay posibilidades de reabrir, bajo otros presupuestos, aquellas buenas costumbres? ¿se sentirían involucrados ahora algunos protestantes en estas ‘conversaciones’? Naturalmente no estoy proponiendo la reedición de los debates entre cristianos y marxistas con el viejo formato sino entre creyentes y laicos, teniendo en cuenta las grandes transformaciones que se han operado en el mundo desde aquellos lejanos debates.

Pienso, Ignacio, que no tiene sentido marginar de estas conversaciones (si es que alguna vez se hizo) a los protestantes y, de igual manera, creo que sin vosotros en tales charlas la cosa queda muy reducida y con un menor grado de ‘representatividad’. Si te parece bien, pegamos la hebra y poquito a poco vamos concretando.

 

4 Comentarios

  1. Jose — April 11, 2007 #

    Ignacio,

    Me interesa el tema del diálogo entre creyentes y no creyentes, pero tengo sentimientos enfrentados acerca del tema. Por un lado, cuando queremos dialogar con alguien es necesario que ambos estemos a la misma altura, no uno por encima del otro. En nuestros días, esto suele conseguirse fijando ciertas normas de diálogo que ambos podamos cumplir – como por ejemplo el hecho de que ambos seamos capaces de razonar y argumentar lo que digamos – así como ciertos puntos comunes que ambos podamos compartir. Por otro lado, no puedo evitar pensar que la tónica común dentro del Cristianismo es mirar a los que están fuera como si fueran pecadores, perdidos, faltos de sabiduría, etcétera. Si esto sigue así, dudo que nadie quiera entrar en un diálogo con nosotros.

    Leí hace tiempo un libro de Hans Kung titulado ‘Credo’, en el que dicho autor pretendía enfocar algunos asuntos del Credo Apostolico y mirarlos desde una perspectiva mas acorde con la manera de pensar actual. De hecho, el autor del libro parece creer que sin esta capacidad de interpretación (vino viejo en odres nuevos) no seremos capaces de comunicarnos con la sociedad en la que vivimos. Mi problema es que no sé hasta qué punto los cristianos están dispuestos a comenzar a hablar de forma más relevante, a interpretar su fe de forma acorde a los tiempos. Si cada vez que hablamos de distintos géneros en la Biblia o del caracter mitológico de algunos de nuestros textos nos rasgamos las vestiduras, dudo que vayamos a llegar mucho más lejos en nuestro diálogo que la puerta de la iglesia.

    Pero mantengo la esperanza de que tarde o temprano esa situación cambie.

    Un abrazo.

  2. Gabriel — April 12, 2007 #

    Querido Ignacio,

    Pienso que toda intención de diálogo es loable, pues implica que la mano se extiende abierta.

    Fíjate que, en mi caso, he tenido experiencias de diálogo muy edificantes con ateos y agnósticos (de hecho mi mejor amigo, de hace muchos años, es agnóstico). Aprendí, a los golpes, que los cristianos guardamos muchas piedras para arrojarnos entre nosotros mismos (seguro hay otros ‘intereses creados’ cuando nos sentamos a hablar).

    Comparto la esperanza de José (quien comentó antes que yo). En Latinomérica, la miopía social que tenemos los creyentes no nos ayuda mucho al momento de intentar hablar con personas que creen distinto a nosotros, imagínate con quienes directamente no creen. Luego me cuentas como es en España.

    Entre tanto distanciamiento en el que vivimos, que los chirimbolos de internet nos sigan acercando para dialogar!

    Un abrazo,

  3. Pastor Dadaísta — April 12, 2007 #

    José y Gabriel,

    Tomo nota de lo que escribís. Os mantendré al tanto de todo lo que vaya sucediendo.

    Espero ir recibiendo más aportaciones…

    Un abrazo a los dos.

  4. José Luis López Bulla — April 12, 2007 #

    Si como dfice José, los cristianos miran al “otro” como si fuera un pecador, yo diría que los no creyentes tenemos también nuestros gruesos defectos: algunos hemos ido de perdonavidas por esos mundos. Comparto con José también el interés por el doctor Küng y sus esfuerzos ecuménicos. Lo cierto es que, en nombre del diálogo casi nunca se ha montado zapatiesta alguna. En cambio, el conflicto (submergido o aflorado) es siempre consecuencia del no-diálogo. Ánimo, JLLB

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